Nate Parker, 2016.

ESCLAVISMO, REBELIÓN Y VIOLENCIA.

En 1967, el escritor estadounidense William Styron publicó un denso y prolijo volumen al que llamó Las confesiones de Nat Turner, donde novelaba imaginativamente hechos y circunstancias de la vida de su protagonista, basándose también en el breve folleto del mismo título publicado tras la muerte de este en 1831 y que recogía fragmentos de lo que había contado al abogado T.R. Gray en la celda de la prisión donde moriría ahorcado poco después.

Ese mismo personaje es la figura central de este El nacimiento de una nación, que dirige Nate Parker, asegurando en un rótulo inicial simplemente que está «basado en hechos reales» y repitiendo, un siglo más tarde, el título del clásico de D.W. Griffith, The Birth of a Nation, de indiscutible orientación racista aunque muy valorado por sus aportaciones al entonces naciente lenguaje del cine.

Tras un breve y precipitado prólogo que recoge algunas escenas de la infancia de Nat Turner, la película se detiene a narrar tanto la educación del joven negro, a quien una dama blanca enseñó a leer con la Biblia como único manual, su matrimonio con la joven Cherry, también afroamericana, con la que tendrá una hija, y sus primeros años de trabajo a las órdenes de un amo que ante la decadencia de su plantación hizo negocio con él llevándolo por las granjas vecinas para que predicara sometimiento y resignación a los esclavos, a base de soflamas basadas en ciertos pasajes del libro, declamadas y comentadas con singular apasionamiento que hacía indudable mella en sus destinatarios, por lo que los amos agradecían al suyo dándole unas monedas.

Al cabo de aproximadamente una hora de película, Nat empieza a tomar conciencia de la situación de explotación y violencia que viven en aquellas tierras del Estado sudista de Virginia, a partir de hechos especialmente crueles y de una brutalidad gratuita con la que los granjeros y dueños de las plantaciones no solo se aseguraban su absoluto dominio sobre los esclavos. También la aniquilación moral de estos, incapaces de imaginar siquiera alguna forma de liberación, resignados y adormecidos como estaban, merced a los sermones de Nat Turner, a quien todos llaman ahora predicador.

Ese proceso de concienciación –narrado con breves secuencias sangrientas, en un montaje que hasta ahora se había remansado sin demasiadas estridencias– hace que el protagonista cambie radicalmente de actitud, empezando a rebelarse primero en su fuero interno y muy pronto hacia el exterior, dedicándose a adoctrinar a sus compañeros y arengándolos con una furia basada… en otros pasajes diferentes de la Biblia, que hablan de justicia a cualquier precio y por cualquier método, incluidos los más violentos.

Se desencadena así un enfrentamiento salvaje, ya que la partida encabezada por Nat, enardecida por sus consignas, mata sin piedad a cuantos blancos de ponen a su alcance, empezando por los que más los habían hecho sufrir. Hasta que estos reaccionan organizándose y poniendo en marcha una verdadera campaña de exterminio, apoyados por el ejército del sur, pocos años antes del desencadenamiento de la Guerra Civil, cuyo desenlace supondría la abolición formal de la esclavitud.

Aparte de su valor como testimonio de la existencia de un personaje y unos hechos relevantes en la historia de Estados Unidos, vistos desde el momento actual, cuando no han desaparecido ni mucho menos las tendencia racistas, como lo demuestran los asesinatos de jóvenes negros por policías blancos que se suceden con frecuencia en esa sociedad, El nacimiento de una nación constituye un interesante análisis de los peligros del fanatismo religioso de cualquier signo, que tiene supuestos argumentos para justificar y aun estimular las posturas más violentas en nombre de valores o seres superiores, prolongando así la vigencia de la intolerancia y sus manifestaciones más salvajes.

Por lo demás, la película, de la que ya hemos apuntado su ritmo cambiante y tendente al efectismo, presenta los defectos y excesos característicos de una obra coproducida, escrita, dirigida e interpretada por una sola persona, en este caso Nate Parker, virginiano de color él mismo, en lo que es además su primer largometraje como realizador, tras una nutrida carrera como actor. Llaman la atención, por ejemplo, algunas breves secuencias imaginarias u oníricas, teñidas de azul o de un blanco resplandeciente, que desentonan del tono realista aplicado al conjunto, donde ya hemos subrayado la innecesaria insistencia en escenas de violencia que a base de recrearse en ellas acaban resultando superfluas, en aras de un mensaje demasiado explícito.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «The Birth of a Nation». Dirección y Guion: Nate Parker. Fotografía: Elliot Davis, en color. Montaje: Steven Rosenblum. Música: Henry Jackman. Intérpretes: Nate Parker (Ted Turner), Armie Hammer (Samuel Turner), Penelope Ann Miller (Elizabeth Turner), Jackie Earle Haley (Raymond Cobb), Mark Boone Jr. (reverendo Walthall), Aja Naomi King (Cherry), Colman Domingo (Hark), Aunjanue Ellis (Nancy). Producción: Bron Studios, Phantom Four, Mandalian Pictures, Tiny Giant Prod. (Estados Unidos, 2016). Duración: 120 minutos.

 

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