Mabel Lozano, 2015.

LA MECÁNICA IMPLACABLE DEL BENEFICIO.

Otro excelente documental que anda vagando como alma en pena por los márgenes de la viciada distribución comercial española, visible solo gracias a la labor de filmotecas, festivales especializados y asociaciones relacionadas con el durísimo tema que aborda. La realizadora y también actriz Mabel Lozano lleva varios años implicada en la lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual, y presenta ahora, tras varios títulos vinculados de un modo u otro con el mismo asunto, este estremecedor Chicas nuevas 24 horas, usando como título un reclamo publicitario habitual tanto en pasquines y hojas volanderas como en las páginas de anuncios clasificados de periódicos que se dicen serios e incluso de orden.

Con una abundantísima documentación, fruto de un largo trabajo de investigación llevado a cabo sobre todo en los cinco países donde se ha rodado y que han intervenido también de algún modo en la financiación –España, Argentina, Colombia, Paraguay y Perú–, documentación reflejada en las declaraciones de los expertos de todo tipo –y de no pocas víctimas– que intervienen ante la cámara, pero también en numerosos rótulos superpuestos a las imágenes, la película es sin duda un alegato contra ese dramático fenómeno que mueve miles de millones en todo el mundo y arruina la vida de decenas de miles de mujeres sometidas a una auténtica esclavitud ante la indiferencia de la mayoría de los ciudadanos biempensantes, que siguen considerando la prostitución como algo marginal, propio de los llamados bajos fondos a los que nunca se mira con detenimiento, cuando no un mal necesario o por lo menos inevitable…

Pero el mayor acierto de Mabel Lozano en este trabajo imprescindible consiste en hilvanar el documental en torno a un hilo de ficción que lo recorre, dándole todo su sentido y situando el problema en la perspectiva justa, muchas veces olvidada por distintos intereses. Una especie de profesora de un máster de negocios va explicando a sus alumnos –y a través de ellos, a los espectadores– la clave de la trata de mujeres jóvenes, en su mayoría adolescentes y casi niñas, con destino a la prostitución: en el fondo se trata de uno más de los negocios a los que nos tiene acostumbrados el sistema capitalista, atento solo a la obtención del máximo beneficio con el mínimo coste y a la explotación intensiva de la materia prima. Oír cómo se califica a las mujeres de materia prima puede herir la sensibilidad de algunos, pero es la mejor explicación del drama que nos ocupa. Así, seguiremos los distintos pasos del atroz sistema de extracción de esa materia en sus lugares de origen –paralela al saqueo del oro, las maderas preciosas y otros muchos bienes de países mantenidos en la pobreza por parte de quienes se benefician sin límites de sus tesoros–, la circulación de la mercancía a través de numerosas fronteras cuyos responsables miran hipócritamente para otro lado, en manos de distribuidores mayoristas o minoristas, con intervención a veces de familiares de las víctimas o incluso mujeres dedicadas al asunto, hasta llegar a los puntos de venta más rentables del planeta en cada caso. Con la ventaja añadida de que se trata de una mercancía que puede venderse y revenderse infinidad de veces, que apenas se desgasta con el uso intensivo –hasta quedar inservible y ser rechazada entonces sin piedad– y que por tanto sirve a las mil maravillas a la mecánica implacable del mayor beneficio posible típico de cualquier empresa sometida a la fría y cruel ley de la oferta y la demanda.

Que dicho negocio se base en la explotación directa de seres humanos a través de su sexo añade sin duda dramatismo al asunto, pero no por ello debe hacer olvidar el paralelismo de fondo con tantos otros negocios basados en diversas formas de esclavitud –como el trabajo infantil al servicio de grandes empresas transnacionales, por ejemplo–, paralelismo que Mabel Lozano ha sabido sugerir con rigor, inteligencia y sensibilidad.

Un último comentario a propósito del título elegido, también con gran acierto: Chicas nuevas 24 horas señala al mismo tiempo la plena disponibilidad de la oferta en cualquier momento y, sobre todo, el afán machista de disfrutar por primera vez del cuerpo de una chica joven, adolescente y hasta niña, apoderándose de él por una determinada cantidad de dinero. Y no estaría de más recordar a este respecto las relaciones de esa singular perversión con el viejo dogma moralista que exigía que la mujer llegase virgen al matrimonio, para que así su nuevo propietario pudiera estrenarla como se estrena cualquier otro electrodoméstico del que uno dispone a capricho. A diferencia de otros muchos manifiestos bienintencionados sobre la trata de mujeres, este de Mabel Lozano intenta llegar hasta el final en su análisis de una lacra intolerable.

 

FICHA TÉCNICA
Dirección: Mabel Lozano. Guion: Mabel Lozano, Alicia Luna y Susana Fernández. Fotografía: Rafa Roche, en color. Montaje: Germán Roda. Música: José Ignacio Arrufat. Producción: Mafalda Ent., Aleph Media, 7Arte Vital, Hangar Films, Puatarará Films (España, Argentina, Colombia, Paraguay y Perú, 2015). Duración: 70 minutos.

 

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